| Archivo | Indicadores | Lun 28 ago, 2006 - Dom 3 sep, 2006 | Escríbanos |
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Ciclo de conferencias Tribuna Pública
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El reto de la energía En nuestra edición anterior, reportamos que durante el próximo decenio la inversión anual de nuestro país en energía eléctrica e hidrocarburos tendrá que incrementarse en un 70% con respecto a la del decenio pasado, si es que la oferta ha de ser capaz de satisfacer la demanda, que se incrementa a un ritmo del 5% anual. A primera vista, podría pensarse que se trata de un reto meramente financiero: el de conseguir, ya sea mediante ingresos corrientes o mediante endeudamiento, los recursos necesarios para financiar las nuevas inversiones. Sin embargo, el desafío es multifacético y debe ser enfrentado como tal. La evolución de la demanda: Costa Rica ha carecido, por muchísimos años, de una política nacional de energía, que podría generar ahorros considerables. El catálogo de posibles acciones es inmenso; lo clave, sin embargo, es definir una política nacional, coherente, de sólido fundamento técnico y de un horizonte temporal amplio. Los obstáculos no financieros a las inversiones: Contrario a lo que suele creerse, los limites presupuestarios no son el principal obstáculo para las inversiones públicas. Recientes reportajes dan cuenta de miles de millones de colones ociosos en las municipalidades, que simplemente no han tenido capacidad de ejecutarlos. Lo mismo sucede en casi todas las instituciones públicas. Es indispensable entonces racionalizar los proceso de compra del sector público y elevar las capacidades gerenciales de sus ejecutivos. Las alianzas con el sector privado: En un país con limitaciones para la inversión pública, es absurdo utilizar el poder del Estado para impedir las inversiones privadas. Al contrario, estas deben estimularse. En energía, en particular, existe capacidad ociosa en el sector privado que el marco legal actual no permite utilizar y un potencial no explotado importante, asociado en parte con las mejoras en la tecnología de la microgeneración de energía. Es necesario, por supuesto, evitar los problemas que se han detectado en los contratos de cogeneración, pero, hecha esta salvedad, debe eliminarse toda limitación a la inversión privada en energía y, cuando sea conveniente, deben desarrollarse modelos innovadores de asociación y cooperación entre el sector público y el privado. Las relaciones con los organismos financieros internacionales: El deterioro de la situación macroeconómica del país, según esta es evaluada por los organismos financieros internacionales y las empresas calificadores de riesgo, puede ser un obstáculo importante para las inversiones públicas. Sin embargo, recientemente el FMI indicó que está dispuesto a mostrar una mayor flexibilidad, de manera que no toda la deuda pública reciba el mismo tratamiento. En particular, es necesario que los países tengan un mayor margen para endeudarse para financiar proyectos que generan, por sí mismos, los recursos para pagar la deuda, como es el caso de los proyectos energéticos. El marco institucional: Finalmente, es necesario aumentar la capacidad de endeudamiento y aumentar - o quizá incluso simplemente liberalizar - los límites de inversión permitidos a las empresas públicas en el sector de energía, pero con una nota de precaución: no se trata de "liberar amarras" si por ello se entiende permitir que estas empresas actúen sin supervisión o control. Se trata, más bien, de modernizar los controles, de manera que la agilidad empresarial sea compatibilizada, tanto como sea posible, con el control y la rendición de cuentas que deben aplicarse siempre en el manejo de los recursos públicos. En algunas de estas áreas, notablemente en el fortalecimiento y modernización del ICE, el Gobierno ha anunciado que en las próximas semanas enviará proyectos de ley a la Asamblea Legislativa. En el tema de la racionalización de los procesos de compra del sector público hemos escuchado preocupación y buenas intenciones, pero pocas propuestas o acciones concretas. Finalmente, la política nacional de energía es un tema que hasta ahora ni siquiera ha sido planteado en la agenda pública. ¿Debe aumentar la inversión nacional en energía? ¡No cabe duda de que sí! Sin embargo, como hemos visto, el reto va mucho más allá de las limitaciones presupuestarias. Precisamente por ello, es necesario enfrentarlo cuanto antes, desde múltiples ángulos y, valga la ironía, con gran energía. De lo contrario, los frutos serán magros y las consecuencias severas. |
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