| Archivo | Indicadores | Lun 10 abr, 2006 - Dom 16 abr, 2006 | Escríbanos |
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Análisis | Costos de esta medida superan con creces los beneficios, afirma economista Es inviable dolarizar la economía nacional Boris Segura Para El Financiero Pros y contras de sustituir el colón por el dólar De vez en cuando, ilustres neoliberales criollos plantean la conveniencia de dolarizar nuestra economía; es decir, sustituir al colón e imponer el dólar de Estados Unidos (EE. UU.) como moneda de curso legal en Costa Rica. Aunque indudablemente la dolarización tiene sus beneficios, sus costos no han sido ni remotamente contemplados por sus proponentes. Considero que los costos de una eventual dolarización de nuestra economía superan con creces sus potenciales beneficios, por lo que su adopción no es ninguna panacea para Costa Rica. Proceso endógeno Pretender que las autoridades económicas del país impongan una dolarización "a la fuerza" es ignorar la esencia misma de los procesos de sustitución de monedas y de dolarización de pasivos: Dichos procesos son endógenos. La excepción a esta reglas son países que nacen sin moneda nacional, tales como Panamá. La dolarización no fue impuesta por las autoridades económicas, sino que fue llevada a cabo gradualmente por los mismos agentes económicos ante las deterioradas condiciones macroeconómicas en diversas economías latinoamericanas, sin que dicho proceso haya sido total. La moneda local fue perdiendo paulatinamente sus funciones tradicionales de medio de pago, unidad de cuenta y reserva de valor, siendo dichas funciones reemplazadas casi totalmente por el dólar. La dolarización más bien se constituyó en un castigo al mal manejo macroeconómico sin que la inflación se haya reducido en el proceso. Existe un consenso de que la reducción de la inflación depende de la coherencia de la estrategia macroeconómica y no de la sustitución oficial de la moneda nacional por el dólar. Solo recientemente nuestra región ha sido exitosa en reducir la inflación consistentemente a tasas de un dígito, en el contexto de un esquema de metas de inflación y regímenes cambiarios flexibles. Aún así, es claro que los procesos de sustitución de monedas y de dolarización de pasivos tienen elementos de "histéresis", persisten en el tiempo, aún cuando se revierten sus causas iniciales. Los proponentes de la dolarización de nuestra economía insisten en que su principal ventaja consiste en que se disminuiría la tasa de inflación a los niveles de la de EE. UU. Lo que dice la teoría económica es que la inflación de los bienes y servicios transables internacionalmente son los que tenderían a igualarse a la de nuestros socios comerciales. Aún así no sabemos con certeza si la inflación de bienes y servicios no transables internacionalmente convergerá a la internacional. Efectos negativos Si se dolariza una economía, seguro se dará el caso de que la inflación de los transables sí tienda a igualar rápidamente la internacional. Sin embargo, si existen prácticas de indexación y rigideces de precios y salarios y, por lo tanto, la tasa de inflación tiene cierta inercia, ese no será el caso con la inflación de los no transables. Por lo tanto, la dolarización podría traer una fuerte apreciación del tipo de cambio real en la economía, lo cual tendrá efectos negativos sobre las exportaciones, el nivel de empleo y el crecimiento económico. La opción de la dolarización como un medio para intentar disminuir rápidamente la tasa de inflación a un dígito será costosa en términos de crecimiento económico, en una economía como la nuestra, con una marcada indexación en la fijación de precios claves tales como el tipo de cambio y los salarios, y donde el Banco Central está patrimonialmente quebrado, con pérdidas recurrentes del 1,5% del PIB. Es cierto que el financiamiento inflacionario (vía emisión monetaria) del déficit fiscal es inapropiado. Esta es una de las principales lecciones aprendida en la región. La dolarización elimina el recurso a la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal, por lo que impone un tipo de hard budget constraint. Se supone entonces que la dolarización traerá la solución a los desequilibrios fiscales de nuestro país. Nada más alejado de la realidad. Una solución sostenible a nuestros problemas fiscales se dará únicamente cuando los distintos sectores de la sociedad internalicen en el debate político local la noción de que la disciplina fiscal es necesaria para lograr un crecimiento económico sano, sostenido y equitativo. La vía adecuada: Hacer más eficiente el gasto público, incrementar la recaudación tributaria y realizar una gestión diestra de la deuda pública. Política cambiaria La dolarización de una economía significa renunciar al tipo de cambio nominal como instrumento de política para lograr ajustes en el tipo de cambio real ante diversos choques externos que afectan a nuestras economías. Existe evidencia empírica que demuestra la efectividad de la devaluación nominal, en el corto y mediano plazo, como medio para inducir devaluaciones reales, menores déficits en cuenta corriente y mayores niveles de empleo en economías pequeñas y abiertas como la nuestra. La dolarización entonces impondría un mecanismo de ajuste eminentemente deflacionario ante choques externos que afecten a nuestra economía, con los consabidos costos en términos de crecimiento económico y de depresión de la inversión productiva. Se ha demostrado que, en esas circunstancias, una devaluación del tipo de cambio nominal implica un ajuste menos traumático para la economía. Como lo demuestra la experiencia de Argentina con su régimen de Convertibilidad ("Caja de Conversión"), la deflación (caída sostenida del nivel de precios) es muy costosa en términos de sacrificio del producto y demasiado prolongada para lograr un ajuste real ante choques externos adversos. ¿Eliminar el BCCR? El argumento de que con una dolarización se eliminaría el Banco Central implícitamente supone que la discrecionalidad de esta institución es negativa para el funcionamiento de una economía de mercado. Ello se enmarca dentro del eterno debate sobre reglas versus discreción en el manejo de la política monetaria. Dicha controversia ya ha sido superada. Existe consenso básico de que la discrecionalidad del Banco Central no necesariamente es negativa y que, al contrario, lo que debe buscarse es una mayor independencia y credibilidad en el manejo de su política monetaria. Un esquema de metas de inflación, implementado de manera creíble, proporciona cierto grado de "discreción restringida", que le brinda discreción y flexibilidad al Central al usar su política monetaria para acomodar choques a la economía. Al desaparecer el Central, el país estaría renunciando al prestamista de última instancia. Esto es problemático en un sistema financiero pequeño y rudimentario como el nuestro. Cualquier situación de iliquidez en el sistema rápidamente se tornaría en una crisis generalizada del sistema financiero, puesto que no habría manera de inyectar liquidez al sistema financiero, a menos que el Fisco tuviese una posición fiscal muy sólida. El autor es estratega de deuda soberana para mercados emergentes en Standish Mellon Asset Management (Boston, EE. UU.).
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