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Clase Ejecutiva/Música: La revolución del barroco Con María Clara Vargas
La ópera Eurídice de Peri, estrenada en 1600 se considera que da inicio a un nuevo período en la historia de la música: el barroco. Esta obra fue el fruto del proceso de experimentación de las últimas décadas del siglo XVI. En esos años, tanto en Florencia como en París, grupos de intelectuales se reunían para discutir, entre otras cosas, acerca de la música griega. Estas discusiones dieron origen a experimentos musicales por medio de la utilización de nuevas escalas, nuevos efectos armónicos y rítmicos, pero sobre todo generó una búsqueda por destacar el sentido expresivo del texto. Esto último dio origen a una práctica musical completamente novedosa hasta el momento, basada en la polaridad entre la voz superior, libre y ágil, y la voz del bajo, que daba el soporte armónico. Esta melodía acompañada se conocerá como el estilo recitativo y el acompañamiento como el bajo continuo y será una de las prácticas que se utilizarán durante los 150 años que durará el período barroco. Pero el barroco musical no significó solo una preocupación esencial por la palabra cantada y un desinterés por el contrapunto (varias voces superpuestas), sino que también significó una nueva organización melódica alrededor de una nota principal llamada tónica. Con ello, se desarrolla un nuevo concepto, el de la tonalidad, que no desaparecerá hasta inicios del siglo XX. Con ella aumentan la cantidad de acordes que servirán para el acompañamiento, pero también las posibilidades de utilizar la disonancia como elemento expresivo. Debido a los cambios en el lenguaje, aparecen nuevas formas musicales. En la música vocal, la ópera, el oratorio y la cantata; en la música instrumental, el concierto, la sonata y la suite. Además, la antigua práctica de adaptar partes vocales para los instrumentos deja de ser utilizada. Los compositores escriben música específicamente para los diversos instrumentos. Entre los de cuerda, el violín, instrumento preferido por los compositores italianos, y la viola da gamba tendrán un repertorio muy amplio; en los de viento, la flauta dulce, la flauta traversa, el oboe y el fagot; entre los de bronce, la trompeta será uno de los instrumentos más utilizados. En las iglesias, el instrumento de teclado responsable de efectuar el acompañamiento era el órgano, mientras que en los palacios era el cembalo. Ambos instrumentos tendrán además un importante repertorio como instrumentos solistas. En el primer caso, a mano de los compositores alemanes y en el segundo, por parte de los compositores franceses. Desde el punto de vista de la práctica musical también ocurrió un cambio importante: la música empezó a profesionalizarse. Con la noción del concierto, aparecen por un lado los intérpretes, cada vez más preparados y por otro los auditores, convocados para escuchar "pasivamente" en iglesias, salones y palacios. En su calidad de espectáculo, la ópera será la primera en abrir sus puertas a un público dispuesto a pagar para poder asistir al evento. Pero la mejor manera de apreciar la variedad de este período es hacer un recorrido musical. Las óperas de Rameau; los oratorios de Haendel; los conciertos de Vivaldi; las obras para órgano de Froberger; las obras para cembalo de Couperin las sonatas para diversos instrumentos de Telemann, y por supuesto, Bach. Este compositor alemán sintetizó esos estilos y retomó con maestría el contrapunto, desechado inicialmente. Su muerte, en 1750, cierra simbólicamente esta época que sentó las bases para el desarrollo de la música clásica posterior. |
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