| Archivo | Indicadores | Lun 28 feb, 2005 - Dom 6 mar, 2005 | Escríbanos |
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Inversión extranjera | Claymore quería ser líder en viviendas modulares Iba a fabricar casas y terminó alquilando bodegas Ana Cristina Camacho Sandoval Dueño no tenía recursos para hacerle frente a cambios en edificio viejo No construyó ni vendió una sola casa modular tal y como lo había anunciado ante las autoridades costarricenses de promoción de inversiones. Más bien se dedicó a alquilar bodegas y prestar servicios de almacenamiento en su propiedad ubicada en Barranca de Puntarenas. Problemas con el edificio viejo y la inversión que requería éste para ser acondicionado impidieron que Manufacturera Claymore, cuyo único dueño y socio es el estadounidense Michael Hartill, fabricara las viviendas. Se trataba de un tipo de vivienda preconstruida, flexible y resistente, para clase media, muy usada en su país natal que sería vendida en Centroamérica. Así se lo hizo saber a la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde) en el 2002. Nuevo concepto En julio del 2003 El Financiero hizo un reportaje sobre esta empresa y conversó con Hartill quien comentó que haría una inversión cercana a los US$250.000 para acondicionar la planta que antes pertenecía a la embutidora Plumrose. El terreno mide cinco hectáreas y el edificio 5.000 metros cuadrados. Su idea -según comentó en aquel momento- era obtener una participación importante en el mercado de viviendas baratas en el país y ser líder en el segmento de las modulares. Incluso, Hartill era socio de otras dos sociedades que resultaban complemento para el tipo de inversión que emprendería: Hogares Parque de Libertad y Construcciones Barracuda. No obstante, este semanario supo que el negocio de las casas nunca inició. ¿Transporte o dinero? La directora general de Cinde, Edna Camacho, narró que inconvenientes con el transporte y permisos para trasladar las casas de la planta hasta el cliente echaron abajo el negocio. "Quería transportar las casas completas en "rastras" y topó con problemas de permisos", dijo, al reconocer que la entidad siempre estuvo enterada que el proyecto no se concretó dado que mantiene contacto permanente con las empresas instaladas. Para evitar casos similares, Cinde adoptó la política de anunciar una nueva inversión solo cuando se hayan superado todos los trámites y permisos. La versión de Jimmy Murillo, administrador de Claymore es distinta. Dijo que Hartill no tenía recursos suficientes para demoler la planta y construir otra con el ambiente controlado para construcción y prefabricación. "Con crédito bancario, remodelación y gastos fijos no podía hacerle frente a todo", indicó. Mientras demolían reconocieron que no era factible seguir y que era mejor aprovechar los espacios para bodegas. Cuando Químicas Holanda arrendó una, luego la división a granel de Dos Pinos otra y más tarde Agropecuaria El Surco, Pipasa, British Central American Tobacco y Petrogas, supieron que el negocio había cambiado. Murillo menciona que estar tan cerca al puerto de Caldera les beneficia. Además brindan seguridad las 24 horas del día y tienen sistemas de control de humedad. Algunas operan con centros de acopio y de distribución. Para abril planean hacer una inversión para nuevas bodegas en vista de la alta demanda. Hoy opera con dos empleados. |
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