| Archivo | Indicadores | Lun 28 feb, 2005 - Dom 6 mar, 2005 | Escríbanos |
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Coalición busca brillo del pasado
Mario Bermúdez Vives Pretenden eliminar distorsión por lucha de diputaciones Las coaliciones irrumpieron en la historia de Costa Rica como una fuerza arrolladora que posteriormente se devaluó. Pero el 2006 podría representar el más serio esfuerzo de regresar a los orígenes, al eliminar uno de los factores que más dificultó la cohesión de diferentes agrupaciones: las diputaciones.
El grupo Costa Rica para Todos explora con al menos ocho dirigentes la posibilidad de crear una plataforma común para las próximas elecciones. Uno de sus dirigentes, Guido Miranda, aseguró que la respuesta superó las expectativas, y que el proyecto avanza con fuerza. "Ya trabajan tres comisiones. Estamos en conversaciones, y para marzo esperamos extraer los elementos comunes de los diferentes grupos", dijo. Se trata de mucho más que un intento de una simple sumatoria. El espectro electoral está ante un inminente cambio (véase nota: "Panorama electoral enfrenta reacomodo"). Pero requiere superar los conflictos que afectaron la cohesión de estos proyectos. Mirar el pasado La clave para no repetir los errores del pasado sería buscar una candidatura presidencial unificada y mantener la separación en las listas de aspirantes a diputados. Así se elimina la distorsión de la lucha por puestos que hizo naufragar los más recientes experimentos de alianza. Fue el pulso por las curules lo que marcó a Cambio 2000, que inició conversaciones con 12 partidos y terminó inscribiendo una alianza provincial de dos partidos en el 2002. Esta alianza logró sentar a dirigentes cristianos y de izquierda en una misma mesa, pero no logró encontrar un sistema para repartir las candidaturas legislativas. Eso provocó el retiro de varias agrupaciones. El pulso por las candidaturas legislativas fue también el detonante de la división de la coalición de mayor trayectoria, Pueblo Unido, para los comicios de 1986. Después de ser la tercera fuerza, la unión de izquierda se debilitó en cada cita electoral, hasta no elegir ningún diputado. Muy diferente fue la primera coalición en la historia electoral costarricense, el Bloque de la Victoria, que mantuvo separadas las listas legislativas del Partido Republicano (obtuvo 28 curules) y Vanguardia Popular (4 diputados). Ambos se combinaron para lograr el 66% de los votos en 1944 (véase gráfico). Las siguientes dos experiencias se tradujeron en triunfos, con un 50% de los votos cosechados, con Unificación Nacional en 1966 (Republicano y Unión Nacional) y la Unidad en 1978 (Renovación Democrática, Republicano Calderonista, Unión Popular y Demócrata Cristiano). Pero las siete opciones posteriores fueron perdiendo fuelle: se pasó del 33% de los votos de la Unidad en 1982, a apenas un 0,2% de Cambio 2000 en el 2002. Lecciones por asimilar La posibilidad de recuperar el brillo de antaño para las coaliciones pasa por aprender las lecciones del pasado. Las diputaciones no deben convertirse en un botín. Las luchas por estas generaron divisiones que se tradujeron en menor presencia en las curules, tanto de las coaliciones como de los partidos individuales. En este aspecto, el actual proyecto de Costa Rica somos Todos pretende evitar esta distorsión, con una candidatura única para la presidencia, y candidaturas de cada partido para la Asamblea. La definición del candidato también generó problemas en el pasado: la coalición Unidad enfrentó un serio escollo en 1978 cuando Unificación Nacional -principal partido de la elección anterior- se negó a participar. Pero Rodrigo Carazo logró replantear la coalición y ganó, mientras Unificación empezó su declive definitivo por no identificar los signos de los tiempos. Una convención es onerosa y puede ser riesgosa (si no proyecta vigor), pero es termómetro de legitimidad. El tercer elemento clave es el programa común, que debe servir tanto para unir a los partidos, como para promocionar la fuerza ante el electorado. Programas amplios diluyen la identidad, propuestas cerradas dificultan integrar dirigencias y simpatías. Las coaliciones de izquierda ejemplificaron este último caso. Candidatos en la liza A 14 semanas del cierre de las inscripciones para el proceso electoral, solo cuatro agrupaciones tienen adelantado el trámite de renovación de sus estructuras, dos se encuentran a la mitad del camino y seis están prácticamente iniciándolo (véase recuadro: "Partidos se remozan"). El panorama es propicio para alianzas, y principalmente para la dirigencia emergente, que apenas empieza a incursionar en la arena electoral. Siete agrupaciones nuevas iniciaron el trámite para participar por primera vez. Adelante aparece Unión para el Cambio, de Antonio Álvarez, que realizó un 53% de sus asambleas distritales (véase recuadro: "Carrera al 2006"). Lo siguen Unión Patriótica, del diputado Humberto Arce, con un 37% de las asambleas; Alianza Democrática Nacionalista, de José Miguel Villalobos, con un 25%; y Patria Primero, del diputado Juan José Vargas, con un 24%. Tres agrupaciones más no muestran movimiento de peso. A todos ellos los presiona el tiempo y la búsqueda de en un público meta similar el electorado dispuesto a la nueva opción.
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