| Archivo | Indicadores | Lun 28 feb, 2005 - Dom 6 mar, 2005 | Escríbanos |
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De la angustia a la lucidez El tiempo apremia, la división prevalece y la política no halla el camino. El primer aldabonazo político, instando al cambio, en la forma de gobernar y de hacer la política, ocurrió en 1998, al llegar el abstencionismo al 30%. El segundo sobrevino en el 2002: creció la desafección política, se quebró el bipartidismo y emergieron nuevas fuerzas políticas en la Asamblea Legislativa. El 2006, ayuno, al parecer, de reformas políticas y electorales, se adivina confuso. Hoy prevalece la incertidumbre. Sabemos de dónde venimos, pero no adónde vamos. Lo refleja la política que, como la naturaleza, aborrece el vacío que, a toda costa, se debe llenar. Uno de sus síntomas es la búsqueda de alianzas o coaliciones en un escenario político -o cuadrilátero- donde solo el Partido Liberación Nacional (PLN), golpeado por la división interna; el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), cuestionado hasta las entrañas y refractario al cambio, y el Movimiento Libertario, monolítico, se mantienen estables, mientras que el Partido Acción Ciudadana (PAC), fragmentado en la Asamblea Legislativa, escucha voces de sirena. Por otra parte, la política hace causa común con la religión en el Partido Renovación Costarricense y una serie de grupos heterogéneos, ideológica y políticamente, intenta forjar una coalición. Nunca tantos, tan dispares, pretendieron, políticamente, celebrar, a marchas forzadas, los esponsales políticos. Nuestro informe especial de esta edición, del periodista Mario Bermúdez, nos ilustra sobre este caleidoscopio de la situación política del país. Este reportaje presenta, como telón histórico de fondo, las experiencias de coalición del pasado, desde 1944 hasta hoy, afortunadas hasta 1978. Inspirarse en ellas podría, sin embargo, ser engañoso por cuanto la razón de su éxito descansó en tres motivos: la presencia de, al menos, un partido político fuerte en su seno, de líderes fundacionales y de un candidato con liderazgo. Este trinomio no existe hoy por lo que la concordia en los principios, los medios o soluciones, los objetivos, la organización y, sobre todo, en la administración de las aspiraciones individuales resulta una tarea hercúlea. Hacemos hincapié en dos aspectos: primero, el pueblo, cansado de la vana retórica, demanda soluciones concretas. En segundo lugar, si el propósito es gobernar, se requiere un número suficiente de diputados. Esta causa preponderante de pugnas internas y de divorcios políticos -las diputaciones- ha quedado zanjada, al parecer, en el seno de una posible coalición, con la autonomía legislativa de cada partido. El motivo unificador sería, entonces, la presidencia de la República, lo que oculta un presagio lúgubre: la imposibilidad de gobernar. Desde este punto de vista, de poco serviría la -fácil- unidad en los fines o los principios, que dejaría de lado la cuestión básica: las soluciones o el para qué de este esfuerzo. Si el hilo unificador fuese el tratado de libre comercio con Estados Unidos, según proponen algunos, con todo lo que implica en empleos e inversiones, esta sería una apuesta riesgosa. Además, la política del NO no suele ser fructífera. En cuanto a los grupos llamados de izquierda, la historia es su adversaria. Un discurso de los 60, traspasado el umbral del siglo XXI, es un anacronismo. ¿Hacia dónde, entonces, vamos? Esta es la cuestión. Este activismo político, de por sí confuso, es, hasta hoy, voluntarismo sin más allá. Los partidos contendores en el 2002 han derrochado el tiempo y el Gobierno solo quiere, al parecer, devolver la banda presidencial. En medio, está Costa Rica, es decir, nosotros, todos, en un mar proceloso y en un barco que hace aguas. La angustia suele ser hontanar de reflexión y de cambio. Ojalá así sea en esta oportunidad. |
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