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Cuando Intel Corporation
decidió instalarse en Costa Rica el 13 de noviembre de 1996,
la noticia remeció al país pues se trataba de
la compañía más grande en el mundo en la producción de
microprocesadores para computadoras.
La inversión tecnológica alcanzó la cifra récord de ¢108.000
millones. En su momento se anunció que generaría unos 3.500
empleos en cinco años.
El mandatario de la época, José María Figueres, afirmó que
se trataba de "un reconocimiento internacional al sistema de
salud, a la educación pública y extendida a todas partes del
país, a las extraordinarias comunicaciones, al esfuerzo
hecho en ese campo a lo largo de muchas décadas y a la
infraestructura construida".
Ha pasado una década y su impacto es
evidente en
términos económicos, tecnológicos y sociales.
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